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El baúl de los olvidos

Ana Pérez Cañamares - John Wayne cabalga sobre el arcoiris

Ana Pérez Cañamares

Vino a llamarme Pura. Yo estaba tumbada en el sofá del cuarto de estar, leyendo un tebeo. Por encima de mi cabeza la oí, a través de la ventana que daba al rellano de la escalera.
—¡Tere! ¡Tere! ¡Que te lo estás perdiendo!
La mandé callar porque mis padres dormían la siesta. Cuando abrí la puerta, me agarró por la manga y nos precipitamos escale­ras abajo. Me hablaba en lo que a ella le parecía voz baja, una particular forma de grito ahogado.
—En el segundo, que tienen tele en color.
—¿Quiénes del segundo?
—¿Quiénes van a ser? ¡Mario y Cristina! Están todos viéndola desde el descansillo. ¡Ponen una de John Wayne! Hasta los caba­llos se ven de colores.
Bajamos de cuatro en cuatro los escalones, aplaudiendo con nuestras chanclas el espectáculo por anticipado. La música de saloon sonaba tan alta como si las bailarinas de cancán estuvieran levan­tando las piernas sobre la mesa de centro del segundo izquierda.
Mario y Cristina estaban en primera fila, haciendo valer su con­dición de anfitriones. Detrás estaban Conchi, Pilar y por último los gemelos del quinto. Pura y yo nos colocamos al final. Entre todos ocupábamos el tramo de escalera desde el tercero al segun­do, como si estuviéramos sentados en gradas. Tuvimos que espe­rar a que los ojos se nos acostumbraran para captar algo más que destellos y figuras que volaban y caían. Cuando por fin pude dis­tinguir a John Wayne entre la barahunda, le aticé un codazo a Pura, cuyos ojos de miope se salían por encima de las gafas.
—Pura..., pero, Pura, eso es trampa, eso no es una tele en co­lor. Mi tía tiene una y no es así...
—Schssssssss —me contestaron todos.
Lo que podía vislumbrar, entre las cabezas de mis vecinos y las rejas de la ventana, era una televisión en blanco y negro cubierta por un cuadrado de tiras de celofán pegadas unas a otras en hori­zontal, de forma que el sombrero de John Wayne era verde, su cara de un rosa primer día de playa, la camisa naranja y los panta­lones azul celeste. Era un John Wayne de carnaval, al que nadie podía tomar en serio.
Pura se acercó a mi oído y me dio en el punto que ella tan bien conocía.
—Si no te gusta, te puedes ir, pero que sepas que ha sido idea de Mario.
Miré el cogote de Mario y le imaginé orgulloso de haber guiado a sus amigos hasta el lejano oeste, y sin pensarlo más me lancé a cabalgar con él por llanuras rosas, montados sobre caballos azu­les, bajo un cielo verde esperanza.
Y allí estábamos, asistiendo en primera fila a la arenga del jefe indio hacia sus nunca tan coloridos guerreros, cuando sobre sus gritos se superpusieron otros que surgían de la habitación del fon­do. La madre de Mario y Cristina cruzó el cuarto de estar a trompicones, tapándose la cara con un pañuelo de hombre, y se encerró en el cuarto de baño. Luego apareció el padre, que arran­có el celofán, lo arrugó y lo lanzó a través de la ventana en un escorzado primer plano, gritando: «¿Qué es esta mierda?». La per­siana se cerró en un repentino THE END.
Lo peor no fue el silencio, ni siquiera cuando lo rompieron los sollozos de Cristina. Lo peor fue ver a Mario subiendo las escale- ras con su papel de celofán en la mano, doblemente herido y humillado. Nos quedamos como tontos, sin saber qué hacer. Pura le pasó el brazo por los hombros a Cristina, y ambas encabezaron la triste procesión de descenso a la calle.
Yo seguí a Mario hasta el pasillo de los trasteros. Allí estaba, sentado en el último escalón, la cabeza apoyada en la mano que agarraba el celofán. Me senté a su lado, bajo la luz de la claraboya por la que se veía el cielo gris.
Por primera vez sentía que no había nada que decir. Cogí su mano y el celofán quedó allí, como un huevo de colores empolla­do en el hueco de nuestras palmas.
—Tere, ¿tú me tienes miedo?
—¿Quién, yo? ¿Miedo? ¿Por qué?
La vergüenza y la ira tiñeron su rostro como el de un John Wayne de trece años.
—Porque a lo mejor yo soy como él. Porque a lo mejor yo de mayor también pego. Porque podría pegarte a ti.
No sabía qué decir, pero supe que tenía que hacer algo. Algo que lo sacara de aquel futuro horrible.
Me levanté, bajé dos escalones, puse mi cara a la altura de la suya. Aquellos ojos azules me inspiraban. Y de repente lo hice. Zas. Zas. Le aticé dos bofetadas con todas mis fuerzas.
—Que no se te olvide que yo tengo la misma edad que tú. Y que yo también puedo pegarte a ti.
Sus ojos se abrieron de sorpresa y dolor. Y como si por fin se hubieran dilatado los bastante como para hacerles hueco, dos enor­mes lágrimas gemelas cayeron por sus mejillas cruzadas por cinco franjas rosas.
Cuando se dejó caer de espaldas sobre el suelo me abalancé sobre él, dispuesta a pedirle perdón, a decirle que no sabía por qué había hecho aquello.
Por sus convulsiones supe que se estaba riendo. Como si le hubiera contado un buen chiste. Me tumbé a su lado y seguimos riendo cuando extendió el papel celofán sobre nosotros, para que las nubes que se veían por la claraboya fueran nubes en
technicolor.

De “En días idénticos a nubes” (Baile del Sol, 2009).

Poesía de Ana Rossetti

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EL GLADIOLO BLANCO DE MI PRIMERA
COMUNIÓN SE VUELVE PÚRPURA

Nunca más, oh no, nunca más
me prenderá la primavera con sus claras argucias.
Desconfío del tumescente
gladiolo blanco, satinadas pastas
de misales antiguos.
Parece una mortaja de niño,
su apariencia es tan pura
que sin malicia, lo exponemos
a la vista de muchachas seráficas.
Y, sin embargo, qué hermoso señuelo,
jamás halló Himeneo instructor más propicio.
Ya vista, de noche, silente, las alcobas,
se introduce en los sueños
y despierta las vírgenes con dura sacudida.
Nunca más, oh, nunca más
me prenderá la primavera con sus claras argucias.

A LA PUERTA DEL CABARET

Hubiera sido venturosísima
amándole toda la vida
María ALÇOFORADO

Así te mostraron de repente:
el poderoso pecho, como el de un dios, desnudo,
mientras el oro entero, convocado en tu rostro, te nimbaba.
Me fui de aquel lugar,
tu imagen mis visiones presidiendo.
Día tras día te atribuí todo lo hermoso que encontré.
Mas nada igualó a tu luz primitiva
ni pudo superar al equívoco gesto,
tan femenina boca,
bello desdén del curvo labio. No, nada pudo.
Y ninguna invención que trajeron los días
mejoró a aquel fugaz momento.

DIOTIMA A SU MUY APLICADO DISCÍPULO

El placer es el mejor de los cumplidos.
Coco CHANEL

El más encantador instante de la tarde
tras el anaranjado visillo primoroso.
Y en la mesita el té
y un ramillete, desmayadas rosas,
y en la otomana de rayada seda,
extendida la falda, asomando mi pie
provocativo, aguardo a que tú te avecines
a mi cuello, descendiendo la mirada
por el oscuro embudo de mi escote,
ahuecado a propósito. Sonrójome
y tus dedos inician meditadas cautelas
por mi falda; demoran en los profundos túneles
del plisado y recorren las rizadas estrellas
del guipur. Apresúrate, ven, recibe estos pétalos
de rosas, pétalos como muslos
de impolutas vestales, velados. Que mi boca
rebose en sus sedosos trozos, tersos y densos
cual labios asomados a mis dientes
exigiendo el mordisco. Amordaza,
el jadeo de tu alto puñal, y sea tu beso
heraldo de las flores. Apresúrate,
desanuda las cintas, comprueba la pendiente
durísima del prieto seno, míralo, tócalo
y en sus tiesos pináculos derrama tu saliva
mientras siento, en mis piernas, tu amenaza.

MI JARDÍN DE LOS SUPLICIOS

En el jardín secreto, bajo el árbol,
despacio, muy despacio, desataste mis trenzas
y luego, impetuoso, porque yo sentí frío
y terca me negaba, arrancaste mi ropa.
Con cíngulo de alta enredadera
la deslucida organza que sirviera de colcha
a la cuna común, experto me ceñiste.
En la callada hora, muy lejos de los padres,
con jugo de geranios la boca me teñías
y ajorcas vegetales en mis breves tobillos,
se enroscaron.
Bailé furiosamente.
Cual halo tras de mí henchíase la túnica,
en torno a ti crecían los aros de mis huellas.
Yo, tanagra diversa, evasivo laurel
y tú quieto. Perfectamente quieto
salvo el brazo con el que me flagelabas.

De Los devaneos de Erato. 1980. Recogido con posterioridad en Indicios vehementes (Hiperión, Madrid, 1985)

NUEVE

No juegas ya conmigo, tan orgulloso estás
que más allá de ti no necesitas nada.
Te observas incesante, sin embargo
te olvidas de que yo te soy tan parecida
que te describiría con la felicidad
de un espejo: tan semejante a ti
que hasta podrías amarme sin temor a excederte.
Pero, si en desdeñarme persistes obstinado,
no importa, esperaré.
Mientras enhebro cintas de dulce terciopelo
en el blanco entredós de una tirabordada
o anchas randas de encaje infatigable labro,
atisbando estaré el menor de tus gestos.
Tan preciso lo retendré en mi rostro,
cuando la edad viril, arrasándote
tras derruir la seda delicada
exija tus mejillas para sus arrayanes,
tu pecho como un muro para enredar su hiedra,
no tendrás más remedio que mirarme.
Y te verás en mí, adolescente, inmóvil
durante muchos años todavía.

De Dioscuros (1982). Recogido con posterioridad en Indicios vehementes (Hiperión, Madrid, 1985)

CHICO WANGLER

Dulce corazón mío de súbito asaltado.
Todo por adorar más de lo permisible.
Todo porque un cigarro se asienta en una boca
y en sus jugosas sedas se humedece.
Porque una camiseta incitante señala,
de su pecho, el escudo durísimo,
y un vigoroso brazo de la mínima manga sobresale.
Todo porque unas piernas, unas perfectas piernas,
dentro del más ceñido pantalón, frente a mí se separan.
Se separan.

De Indicios vehementes (Hiperión, Madrid, 1985)

DE LOS PUBIS ANGÉLICOS

A mi adorada Bibí Andersen

Divagar
por la doble avenida de tus piernas,
recorrer la ardiente miel pulida,
demorarme, y en el promiscuo borde,
donde el enigma embosca su portento,
contenerme.
El dedo titubea, no se atreve,
la tan frágil censura traspasando
-adherido triángulo que el elástico alisa-
a saber qué le aguarda.
A comprobar, por fin, el sexo de los ángeles.

SÁLVAME

Mis ojos, por tu cuerpo reclamados,
de su hermosura avisan, amplio torso devastan
y en la estrecha cadera contiénense aturdidos.
Sin indulgencia alguna muestran al labio hambriento,
de cerezas mordientes, la semilla
y al igual que en mis dedos el más ardiente roce
de tu piel se presagia, de la amatista intrusa
e irisado pezón, en mi confusa lengua
avívase su tacto.
Las feroces punzadas de un turbador augurio
procura apaciguar mi inasaltado vientre,
pero es vano el combate del que ya ha sido herido.
Y es un abismo el goce, el anhelo locura,
s tu nombre invocado amarga extenuación
y tu cuerpo inminente rigurosa medida
de mi infierno.
De este insaciable afán dicen que has de salvarme.
Pero lo cierto es que enfebrecida aguardo
y que puedo morir antes de que me toques.

EMBRIÁGAME

Matarte sí, matarte:
desatar una cinta jugosa por tu pecho,
que salte fresca,
su tacto más sedoso apresurando,
que yo introduciré mis dedos desflecándola,
despeinándola, tomando su color,
guardando entre mis uñas sus húmedos ribetes,
haciéndome nacer, de repente, amapolas
o hibiscos en las manos;
embebiendo, empapando en tu herida
las ropas que me cubren, una a una.
Que a través de la alforza, del pliegue
-los bordados ahogando, inundando
la calada cenefa, hundiéndose
por las duras costuras y el tan entrecortado
diseño del encaje- llegue a mí
el don impetuoso de tu amor.
Señalado contigo mi estremecido cuerpo,
con la vida que enloquecidamente
de ti sale, y mi pelo salpica,
y corona y enreda de alhelíes...
Precipíteme yo a bebérmela ávida,
a beberte.
Embriaga de ti,
irrestañable flor, muévanse en tu costado
mis labios incesantes.

PURIFíCAME

Dichosos los que salieron de sí mismos
COLETTE

Cierto es que alguna vez intento rebelarme,
desprenderme, desnudarme de ti.
Y te sueño vestido resbalando,
desmayando hasta el suelo sus innúmeros frunces,
y te niego. Tus fotos abandonan
caladas cantoneras, el cristal de los marcos,
y tu nombre se rompe, y me olvido
que era de Mayo, y Pléyade, y de flor parecida
al crisantemo.
Y creo que ya no existe la Quinta de Tchaikowsky,
pero recurro a ti.
Al final, siempre recurro a ti,
a tu silencio huraño ante la maravilla,
a tus bucles pacientes bajo el sol, irisándose,
mientras querías ser santa apretando amapolas,
a tu desolación que era un ópalo turbio
y a esa terquedad de no mostrarlo nunca.
Voluntad educada para ser guardadora,
para que de tu rostro no saliera
ni un atisbo de ti, ni el corazón vaciar
por calladas cuartillas, por la morada lana
de los confesionarios. Ni en lágrimas verterlo.
Cómo te vigilabas para no proclamar
miedos o desventuras; la culpa y el desastre
desdeñados, y el asombro escondido.
Mi siempre lastimada y jamás dulce niña,
atesorando ibas antifaces, metáforas,
ingenuos simulacros de blindaje o conjuro
y no me adivinabas heredera y alumna.
Mas yo no sé vivir sin imitarte.
En mí no hay emoción sin que en ti la apacigüe
ni recuerdo que al final no te mencione
ni experiencia que no compare en ti,
reina de la cautela y del enigma.
Pero, tanto el sigilo, que ya no me sé el nombre
de las cosas, ni de este sentimiento
que está sobrepasándome, dulce e impetuoso,
doloroso quizás, quizás desesperado.
En no atenderlo está mi vanagloria,
está mi precaución y mi obediencia.
Mi niña, mi tirana, contemplándote
sé que todo es inútil, que me parezco a ti,
y que en ti permanezco voluntaria y cautiva.
Es mi memoria cárcel, tú mi estigma, mi orgullo,
yo albacea, boca divulgadora
que a tu dictado vive,
infancia, patria mía, niña mía, recuerdo.

De Devocionario (Ed. Visor, 1986)

CALVIN KLEIN, UNDERDRAWERS

Fuera yo como nevada arena
alrededor de un lirio,
hoja de acanto, de tu vientre horma,
o flor de algodonero que en su nube ocultara
el más severo mármol travertino.
Suave estuche de tela, moldura de caricias
fuera yo, y en tu joven turgencia
me tensara.
Fuera yo tu cintura,
fuera el abismo oscuro de tus ingles,
redondos capiteles para tus manos fuera,
fuera yo, Calvin Klein.

STRANGERS IN THE NIGHT

Cuando en la noche surge tu ventana,
el oro, taladrando los visillos,
introduce en mi alcoba tu presencia.
Me levanto e intento sorprenderte,
asistir al momento en que tu torso cruce
los cristales y la breve camisa
sea a la silla lanzada.
Mi pupila se engarza en el encaje
y mis pies ya no entienden, de las losas, del frío.

De Yesterday (Torremozas, Madrid, 1988)

PACK-LIBROS

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Beauvoir, Simone de - La mujer rota-doc.zip
Benitez Reyes, Felipe - Mercado de espejismos-doc.zip
Camilleri, Andrea - La pension Eva-doc.zip
Chessex, Jacques - El vampiro de Ropraz-doc.zip
Cook, Robin - Invasion-doc.zip
Cooper-Posey, Tracy - Corazon vengador-doc.zip
Delibes, Miguel - Cinco horas con Mario-doc.zip
Delinsky, Barbara - Retrato de familia-doc.zip
Evans, Richard Paul - El girasol-doc.zip
Flagg, Fannie - Me muero por ir al cielo-doc.zip
Funke, Cornelia - Mundo de Tinta 2 - Sangre de tinta-doc.zip
Gaiman, Neil - Coraline-doc.zip
Garcia Lopez, Jose M. - El pajaro negro-doc.zip
Gimenez Bartlett, Alicia - Petra Delicado 05 - Serpientes en el paraiso-doc.zip
Gimenez Bartlett, Alicia - Petra Delicado 06 - Un barco cargado de arroz-doc.zip
Gimenez Bartlett, Alicia - Petra Delicado 07 - Nido vacio-doc.zip
Gnone, Elisabetta - Fairy Oak 2 - El encanto de la oscuridad-doc.zip
Gnone, Elisabetta - Fairy Oak 3 - El poder de la luz-doc.zip
Grafton, Sue - E de Evidencia-doc.zip
Graham, Heather - O'Casey 1, Sus. 7 - La reina del baile-doc.zip
Gudin, Maria - La reina sin nombre-doc.zip
Gusman, Luis - Ni muerto has perdido tu nombre-doc.zip
Harper, Karen - Sucedio una noche-doc.zip
Hern, Candice - Viudas Alegres 01 - En la pasion de la noche-doc.zip
Herriot, James - Historias de perros-doc.zip
Hopkinson, Nalo - Ladrona de Medianoche-rtf.zip
Indridason, Arnaldur - Erlendur 3 - Las marismas-doc.zip
Indridason, Arnaldur - Erlendur 4 - Silencio sepulcral-doc.zip
Jarrett, Miranda - Hermanas Penny 1 - Una dama y una apuesta-doc.zip
Jarrett, Miranda - Hermanas Penny 2 - Veneno y azar-doc.zip
Jitrik, Noe (Comp.) - Atipicos en la literatura latinoamericana-doc.zip
Johnson, Jane - El decimo don-doc.zip
Jones, Raymond - Esta isla, la Tierra-rtf.zip
King-Smith, Dick - El caballero Tembleque-doc.zip
Krentz, Jayne Ann - La hora de la venganza-doc.zip
Larsson, Stieg - Millennium 3 - La reina en el palacio de las corrientes de aire-doc.zip
Laumer, Keith - Catastrofe planetaria-rtf.zip
Lee, Lilian - La ultima princesa de Manchuria-doc.zip
Liss, David - El asesino etico-doc.zip
Long, Julie Anne - El Duque rebelde-doc.zip
Lorentz, Iny - La ramera errante-doc.zip
Mankell, Henning - El chino-doc.zip
Martin, Kat - Corazon 2 - Corazon ardiente-doc.zip
Matthews, Carole - En lo bueno y en lo malo-doc.zip
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Michaels, Kasey - Atrapada en el paraiso-doc.zip
Michaels, Kasey - Romney Marsh 1 - Como un caballero-doc.zip
Michaels, Kasey - Romney Marsh 2 - Falsas intenciones-doc.zip
Mishima, Yukio - El Mar de la Fertilidad 03 - El Templo del Alba-doc.zip
Mishima, Yukio - El Mar de la Fertilidad 04 - La corrupcion de un angel-doc.zip
Mosley, Walter - Easy Rawlins 1 - El demonio vestido de azul-doc.zip
Pratchett, Terry - MD 08 - ­Guardias! ­Guardias!-doc.zip
Puerto, Carlos - Rosa 01 - La rosa del Kilimanjaro-doc.zip
Raybourn, Deanna - Julia Grey 1 - Tiempo de secretos-doc.zip
Rivera, Andres - En esta dulce tierra-doc.zip
Rose, Karen - Suspense 06 - Cuenta hasta diez-doc.zip
Ross, JoAnn - Tiernan 1 - Sin precedentes-doc.zip
Ryan, Nan - La heredera perdida-doc.zip
Sands, Lynsay - Deed 3 - La Persecucion-doc.zip
Shem-Tov, Tami - La ninia de los tres nombres-doc.zip
Somoza, Jose Carlos - La Llave del Abismo-doc.zip
Strong, Jory - Crime Tells 2 - El cowboy de Cady-doc.zip
Turgueniev, Ivan - Padres e hijos-doc.zip
Vantrease, Brenda Rickman - El maestro iluminador-doc.zip
Vargas Llosa, Mario - La ciudad y los perros-doc.zip
Varias Autoras - Seduccion-doc.zip
Varios autores - Antologia de novelas de anticipacion 14-rtf.zip
Vilari¤o, Idea - Poemas de amor-doc.zip
Wallace, Irving - El septimo secreto-doc.zip
Young, Michele Ann - Sin Remordimientos-doc.zip

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Enrique Falcón - CASA PREVIA DEL MUNDO

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Con costales de arena en la casa previa del mundo
se les golpea en los riñones. Con costales de arena.
Altos como visiones y más grandes que dos estrellas dulces y aplacadas,
así pasan por sus lenguas las puntas de sus cuernos.
(En su solo ser nervio todos tienen nombre.
En la casa que conduce previamente hasta el mundo).
Purgados con sulfato de sosa para provocarles diarreas,
aturdidos con el inmovilón que los deja mermados,
se les recorta las puntas de los cuernos
se les golpea en los riñones con costales de arena
(se les patea los testículos)
y todo ocurre en la parte silenciosa de la casa previa al mundo.
Cuando aún no tienen nombre
y sólo justo antes
de hacerlos salir.

Álbum de fotografías: Beauty

 

ALYSSA MONKS – Pintura hiperrealista

 

Complemento para Firefox: DetectVideo

Elimina los límites impuestos por las plataformas de streaming (Megaupload, Megavideo,Megaporn, Rapidshare ...)

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DetecVideo

Preludio para desnudar a una mujer - Vicente Quirarte


Que esté, de preferencia, muy vestida.
Por eso es importante que las medias
sigan cada contorno de sus muslos: que disfruten
la pericia, el estilo del tornero
que supo darles curva de manzana,
maduración de fruto al punto de caída.
Goza de la tela perfumada
encima de los jabones y los ríos.
Acaríciala encima: su vestido
es la piel que ha elegido para darte.
Primero las caderas:
es la estación donde mejor preparas
el viaje y sus sorpresas. Cierra los ojos.
ya has pasado el estrecho peligroso
que los manuales llaman la cintura
y tus manos se cierran en los pechos:
cómo saben mirar, las ciegas sabias,
el encaje barroco de la cárcel
que apenas aprisiona dos venados
encendidos al ritmo de la sangre.
Si los broches y el tiempo lo permiten,
anula esa defensa: mientras miras sus ojos
deslízale el sostén. Y si protesta
es tiempo de estrecharla.
Acércala a tu boca y en su oído
dile de las palabras que son mutuas.
En un ritmo creciente, pero lento,
trabaja con los cierres, las hebillas,
los bastiones postreros de la plaza.
Aléjate y admírala: es un fruto
que pronto será parte de tu cuerpo
y tu sed de morderla es tan urgente
como la del fruto que anhela ser comido.
Has esperado mucho
Y tienes derecho a la violencia.
Deja que la batalla continúe
y que el amor condene a quien claudique.

La noche de la perversión


Imágen de Hokusai

El caracol del ansia, ansiosamente
se adhirió a las pupilas, y una especie de muerte
a latigazos creó lo inesperado.
A pausas de veneno, la desdichada flor de la miseria
nos penetró en el alma, dulcemente,
con esa lenta furia de quien sabe lo que hace.
Flor de la perversión, noche perfecta,
tantas veces deseable maravilla y tormenta.
Noche de una piedad que helaba nuestros labios.
Noche de a ciencia cierta saber por qué se ama.
Noche de ahogarme siempre en tu ola de miedo.
Noche de ahogarte siempre en mi sordo desvelo.
Noche de una lujuria de torpes niños locos.
Noche de asesinatos y sólo suave sangre.
Noche de uñas y dientes, mentes de calor frío.
Noches de no oír nada y ser todo, imperfectos.
Hermosa y santa noche de crueles bestezuelas.
Y el caracol del ansia, obsesionante,
mataba las pupilas, y mil odiosas muertes
a golpes de milagro crearon lo más sagrado.
Fue una noche de espanto, la noche de los diablos.
Noche de corazones pobres y enloquecidos,
de espinas en los dedos y agua hirviendo en los labios.
Noche de fango y miel, de alcohol y de belleza,
de sudor como llanto y llanto como espejos.
Noche de ser dos frutos en su plena amargura:
frutos que, estremecidos, se exprimían a sí mismos.
Yo no recuerdo, amada, en qué instante de fuego
la noche fue muriendo en tus brazos de oro.
La tibia sombra huyó de tu aplastado pecho,
y eras una guitarra bellamente marchita.
Los cuchillos de frío segaron las penumbras
Y en tu vientre de plata se hizo la luz del alba.

 

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Te quiero regalar un poema...
Un poema en el que envuelvo mi alma ,
Un poema en el que pego mis sueños para que cuiden los tuyos,
Un poema en el que guardo mis palabras para que se hagan canción en tu mente,
Un poema que es melodía cuando recuerdo el tono de tu voz,
Un poema que es inmensa soledad cuando siento que no estás....

Te regalo un rayo de luz encerrado en una gota de agua,
Para que se haga arco iris en tus ojos,
Te regalo mis noches para que te hagas ángel en mis sueños,
Te regalo mi mente para que pongas tu rostro en todos mis pensamientos...

Te regalo mi ser para que lo llenes de vida.
Te regalo mi melancolía para que la vuelvas alegría,
Te regalo mi locura para que le des un sentido,
Te regalo mi cordura para que la hagas pasión,
La pasión que se siente cuando tocó tus manos,
La pasión que es deseo de vivir, que es deseo de ser y de estar cuando estoy junto a ti...

Ángel de luz, déjame abrazarme a tus alas para volar más allá del infinito,
Permíteme ser el rayo de sol que se ciñe a tu rostro,
Permíteme ser la sombra que se posa a tus pies...

Tu sombra,
Ese trozo de oscuridad impotente ante tu luz,
Ese trozo de ébano que se ilumina ante el brillo de tu estrella,
Y termina por rendirse ante ti dibujando tu silueta...

Permíteme ser el eco que escuchas en las noches,
Ese rastro de silencio que se hace coro a la melodía de tu voz,
La canción que se silenció ante la intensidad de tus palabras,
El lamento del viento que se pronuncia ante tu ausencia.

Déjame ser la aurora que se filtra en la mañana a través de tu ventana,
El rayo de luz que penetra a través de las sombras de la soledad,
Déjame ser el ocaso que te guía hacia la noche,
Ese rayo de luz que se resiste a tu partida.

Déjame ser la gota de lluvia que se desliza sobre tu rostro,
El viento que acaricia los rizos de tu pelo.
Déjame ser el ángel que cuida tus sueños,
Ya que tú eres la estrella que ilumina los míos.

 

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19 hours ago
FELIZ FIN DE SEMANA
ME GUSTAN ESOS NUEVOS POEMAS DE  GLORIA BOSCH
PUEDE QUE TE COJA ALGUNO PARA MI SPACE.
GRACIAS
6 days ago
June 26
Lorima ...wrote:
Corazón rojo

P.gif picture by Estrellita_Sua

 

FELÍZ COMIENZO DE SEMANA , MUCHOS BESITOS Y MUCHOS ABRACITOS LORIMACorazón rojo

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Beso
June 22

No soy escritora, tampoco poeta. Sólo soy la persona que se enamora de quien toca la puerta, de quién cura heridas con cosas lindas.

✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿

No soy hermosa, tampoco presuntuosa. Sólo soy una mujer que sueña con la vida exitosa, que piensa que algún día podrá volar. Una ilusión difícil de realizar.

✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿

No soy poeta, porque no pinto la luna más bella. Tampoco hablo con las estrellas.
No soy escritora, porque cometo errores y en mi lingüística no existen perdedores.

✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿
No soy una santa, ni tampoco una ladina. Sólo soy un una mujer que pretende vivir en paz consigo misma y con los demás.
No soy la mujer que todos piensan.
✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿

No soy la ingenua que algunos creen que soy, pero tampoco soy lo que imaginan creer. Sólo soy aquella mujer que piensa en volver a nacer.
✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿♥♥

Soy la que no quiere vivir hasta envejecer.
Soy la que prefiere que todos puedan olvidar cuando un día llegue mi final, pues soy la que no quiere ver a alguien llorar.

✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿ܓ✿
Soy la que pretende un día poder encontrar su nombre en la portada de algún libro que alguien desee comprar.
Quiero que mi epitafio diga: "Fue una mujer capaz de amar y dar hasta el final"
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No soy poeta. Mucho menos una princesa.
No soy escritora, ni tampoco maestra.
No soy perfecta, ni tampoco lo quiero ser. Tan sólo deseo ser una mujer.
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No soy tan fuerte, pero tampoco soy débil. Sólo sé que soy un punto medio que se deja moldear por los golpes de la vida que suele manejar.
Tan sólo sé que...soy una mujer.

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FELIZ SEMAMA

June 22
Lorima ...wrote:
Rosa roja

 

FELÍZ FÍN DE SEMANA Corazón rojo 

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BESOS Y ABRAZOS  LORIMA Beso Image and video hosting by TinyPic
Rosa roja
June 19

Cuenta una leyenda que una noche se fue la luna de
puntillas y no regresó.
Acostumbrados a verla, no levantaba nunca
La cabeza y una de esas
Noches se fue, vestida de la luna nueva, harta ya de
Bailar en los cielos para que nadie la viera.
Cuando quisieron darse cuenta
Solo descubrieron entre
Las estrellas enormes telarañas de ausencia.
Sin la luna, se escondieron los duendes y las ninfas
Se aletargaron en sus lagos;
Los lobos dejaron de aullar al viento y se
Quedaron solos en lobos; y los hombres, solo en hombres.
Sin la luna los sueños bostezaron largamente
Y los niños se durmieron sin poder despertar,
Asustados de vivir sin la
Compañía de los sueños en soledad
Se convocaron cónclaves, concilios y conferencias.
Enviaron a los más intrépidos a buscarla
Entre los altos mares y los más fuertes
Levantaron hasta la última piedra
Por si se hubiera escondido debajo.
Los más sabios buscaron en los libros y los viejos
En todos y cada uno de sus recuerdos
Pero la luna no estaba por mucho que la buscaran.
Preguntaron a los ricos, a los pobres, alos reyes incluso
A los dioses preguntaron
Pero la luna nunca
Estaba allí donde la buscaban.
Pasaron los días y las semanas y luego los meses
Los años. Y los niños crecían dormidos y
¡Ay! no subían ya las sirenas a la
Playa para peinarse la cabellera de espuma y algas.
No había sonrisas ni algarabías en los patios
Y los niños, echados en sus camas, sin la
Compañía de sus sueños, en soledad.
Cuenta la leyenda que los hombres, incapaces de ver
Por más tiempo el vacío que dejó en los cielos,
Pretendieron del firmamento una luna de cartón.
Por eso ya no había ninfas ni sirenas y los lobos
Son siempre lobos y los hombres, hombres.
Porque la luna que hoy vemos, no es
Aquella que una noche se fue de puntillas,
Llevándose todos los sueños, harta ya
De que nunca la vieran.

June 16
Cristinawrote:

Sí Miguel ya estamos en el Fin de Semana.....

Menos malllllllll!!!....

Un beso y a ver si coincidimos.....

June 12
Lorima ...wrote:
LORIMARosa roja

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FELÍZ FÍN DE SEMANA MUCHOS BESOS Y ABRAZOS.Corazón rojo
June 12
Lorima ...wrote:
bió:
 

 QUE TENGAS UN FELÍZ INICIO DE SEMANA, MUCHOS BESOS Y ABRAZOSCorazón rojo
June 9
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